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dientes de leche

¿Dientes de leche?

En estos tiempos de globalización todavía se tienen conceptos viejos en la ortodoncia, uno de ellos es que los niños de menos de 12 a 14 años no pueden usar ortodoncia, o en su defecto hasta que no cambien todos sus dientes de leche a permanentes.

Esto ya ha cambiado por varias razones de peso, en primer lugar desde que los niños tienen dientes, es decir desde los primeros meses de vida ya deben estar visitando al dentista. En segundo lugar, los niños de hoy en día se desarrollan más rápido y los problemas de malas mordidas y dientes torcidos florecen con ellos.

En tercer lugar, la Ortodoncia y Ortopedia, como especialidad dental, ofrece soluciones para este tipo de afecciones de nuestros niños que están con una mezcla de dientes deciduos (de leche) y dientes permanentes en erupción.

Frenillos

Frenillos

Ahora que estamos en el mes de los padres, nunca es tarde de seguir pensando en bienestar y salud dental.

Anteriormente teníamos la idea que la ortodoncia en adultos era imposible, tanto por la parte estética decíamos: “Que feo puedo lucir con frenillos a estas edades, ya para que!” o de pronto desde un punto de vista funcional: “Eso solo es para chicos ya no creo que sirva en mi con todos los problemas que tengo en la boca”.

Lo cierto es que si hay oportunidad y no es tarde de lucir una hermosa sonrisa a cualquier edad. Por otra parte, la mayoría de padres están en una etapa productiva importante, son personas ocupadas y requieren soluciones rápidas, de poca incomodidad y de mínimo mantenimiento.

Crecimiento Exponencial

Para los ortodoncistas la consulta de frenillos en adultos ha aumentado exponencialmente para llegar a ser en promedio de un 35% de todos sus pacientes. Como todo en salud, la ciencia ha avanzado y las nuevas tecnologías permiten que los adultos puedan acceder a los frenillos; los requisitos en adultos son más sencillos de lograr, especialmente con lo que tiene que ver con la salud general de la persona (Enfermedades crónicas controladas como diabetes e hipertensión) o los problemas específicos en boca (problemas en encías, hueso, raíces o piezas dentales dañadas, reconstruidas o ausentes).